Es un hecho comprobable que a partir de los 45 años, aquellas personas que se ven obligadas a buscar un trabajo por cuenta ajena, muchas veces después de haber trabajado durante toda su vida en la misma empresa y tras verse desvinculados de ella, se enfrentan a la dificultad que supone conseguirlo. A la edad pueden sumarse otros factores que suponen discriminaciones inaceptables pero existentes hoy en día, como pueden ser la edad, la raza, el sexo o la religión. Cuando un trabajador se ve clasificado en varias de estas discriminaciones, su situación en el mercado laboral empeora. Encontrar un empleo duradero, de calidad y adecuado a la experiencia y capacitación del demandante es, en estos casos, especialmente complicado. Esta situación les aboca a una sensación de desánimo y preocupación que fácilmente puede afectar a la autoestima.

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